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Protagonistas del cambio

Frente a la concepción del animal como mero objeto de uso a merced del ser humano, la nueva sensibilidad y conciencia social en favor del bienestar animal ya ha empezado a traducirse en importantes cambios normativos y sentencias judiciales en nuestro país. Sin embargo, a diferencia de otros ordenamientos, en España todavía nos encontramos con un Derecho en el que el estatuto jurídico de los animales se equipara al de las cosas; en el que se permite que un animal pueda ser maltratado “por causa justificada”; o en el que la protección administrativa que se les brinda difiere en función del territorio donde vivan.

Ante esta realidad, es fácil llegar a ver el Derecho como un elemento obstaculizador del cambio que reivindicamos. Percibir las leyes como un orden que nos viene impuesto desde una instancia superior, y que se resiste a ser modificado, constriñendo la capacidad de evolución – y revolución – de la sociedad.

¿Se rebela efectivamente el Derecho frente a un cambio en esta materia, o no es más que el reflejo de una sociedad que todavía no ha madurado lo suficiente en este sentido, y en la que aún permanece profundamente arraigado un concepto del animal ligado en exclusiva a su utilidad?

La seguridad, certeza y estabilidad que debe ofrecer un ordenamiento jurídico no pueden ser sinónimos de paralización o estancamiento. El Derecho debe ser un reflejo de la realidad social, una respuesta a lo que en cada momento de la historia de una comunidad ésta considera justo y, por tanto, merecedor de protección. Desde ese punto de vista, las leyes son herramientas a disposición de la sociedad y, como ella, deben ser dinámicas, cambiantes, flexibles. La clave está en identificar cuáles son los mecanismos que activan el Derecho, en encontrar los resortes del cambio jurídico, para actuar sobre ellos y, aun asumiendo que la legislación pueda ir siempre un paso por detrás, tratar de acompasarla en la medida de lo posible a ese ritmo más ágil de transformación social. Pero ¿dónde se hallan esos resortes del cambio? ¿Cuáles son las claves para que nuestro Derecho se haga sensible a esta cuestión, ofreciendo una auténtica cobertura y salvaguarda del bienestar animal?

En primer lugar, y en la base de todo lo demás, se encuentra la educación. Una sociedad formada por hombres y mujeres que han sido educados desde la infancia en el conocimiento y el respeto por todos los seres vivos: ésa es la fuente originaria de transformación de nuestro Derecho en favor del bienestar animal. En este sentido, es fundamental incorporar esta materia no sólo en los primeros estadios de la enseñanza, sino de forma permanente a lo largo de todo el proceso educativo, incluida la especialización académica o profesional.

Del mismo modo, son necesarias estrategias dirigidas a fomentar la concienciación y formación sobre esta materia en el ámbito de la gestión pública.  Responsables políticos y personal al servicio de las administraciones públicas desempeñan un papel determinante en la adaptación del Derecho a los cambios sociales: por un lado, generando normativas que den respuesta a las nuevas demandas y, por otro, aplicando con eficacia las ya existentes, de acuerdo con sus competencias. Sin embargo, la realidad nos muestra que en el ámbito público aún existe un gran desconocimiento de la normativa relativa a la protección de los animales por parte de aquéllos a quienes compete garantizar su aplicación.

Junto a la educación y sensibilización social, el otro motor de cambio del Derecho reside en su conocimiento y aplicación. Conocer en profundidad y aplicar la ley es la forma de mantenerla viva y, al mismo tiempo, de poder detectar más fácilmente sus fallos y lagunas, con el fin de revisarla y mejorarla. Jueces, abogados, juristas en general, pueden apostar en el desarrollo de su labor por una aplicación e interpretación del Derecho creadora y en sintonía con una mayor sensibilidad social en favor de los animales. Pero también ciudadanía y organizaciones animalistas tienen a su disposición interesantes herramientas jurídicas para protagonizar un cambio en este ámbito, como la denuncia o la iniciativa legislativa popular.

En definitiva: el Derecho no es en ningún caso una entidad superior, inaccesible e inamovible. Tampoco cuando hablamos de transformarlo para ofrecer una adecuada protección jurídica a los animales. Incluso la modificación más sustancial es posible si hay una conciencia social mayoritaria que la respalda. El resto, es cuestión de técnica normativa. Pero no puede olvidarse que el Derecho difícilmente cambiará si no va acompañado de un proceso de concienciación, aprendizaje e implicación social. Educación y sensibilización por un lado, conocimiento y aplicación del Derecho, por otro, constituyen las dos grandes claves para avanzar en este ámbito. Ciudadanía, administraciones públicas, operadores jurídicos, organizaciones animalistas: somos sujetos activos de esa evolución que consideramos tan necesaria. Somos nosotros quienes, desde una actitud crítica, pero también proactiva y creativa, podemos contribuir a activar y renovar el ordenamiento, despertando a una nueva realidad social y jurídica en la que los animales son efectivamente protegidos y respetados. Somos los protagonistas del cambio.

María González Lacabex
Abogada